2025, La economía se enfrió… la geopolítica dejó la luz encendida 

2025, La economía se enfrió… la geopolítica dejó la luz encendida 

En 2025 la economía mundial se comportó como una sala que empieza a enfriarse después de un incendio: el humo ya no ahoga, pero el olor recuerda que cualquier chispa puede reactivar el problema. La inflación cedió lo suficiente para que varias autoridades monetarias comenzaran a recortar tasas; al mismo tiempo, la geopolítica —y su derivado económico, la fragmentación— mantuvo elevada la prima de incertidumbre. El resultado fue una normalización incompleta: crecimiento moderado, mercados que aguantan y, debajo, una estructura más sensible a shocks por deuda pública alta, finanzas “paralelas” más grandes y un comercio cada vez más condicionado por objetivos estratégicos.  

Un año explicado mejor por el clima que por el dato 

Si se mira el año desde arriba, el FMI lo describió con una frase estadística que funciona como brújula: el crecimiento global bajaría de 3,3% (2024) a 3,2% (2025) y 3,1% (2026). No es expansión exuberante; es suficiencia: lo bastante para evitar recesión global, pero no lo bastante para disipar ansiedades de productividad, deuda y conflicto.  

La OCDE reforzó la idea de un mundo que desacelera sin colapsar: proyectó 3,2% en 2025, 2,9% en 2026 y un rebote leve a 3,1% en 2027, en un contexto de recortes de tasas adicionales y poco ajuste fiscal inmediato pese a presiones presupuestarias crecientes.  

Pero lo verdaderamente definitorio de 2025 no fue el número del PIB; fue el costo de navegar un entorno donde “lo económico” y “lo estratégico” dejaron de ser carriles separados. 

El precio del dinero empezó a bajar… y el mundo no se relajó 

La política monetaria en 2025 fue menos épica y más quirúrgica: recortar sin prometer demasiado, aflojar sin permitir que la inflación vuelva por la puerta de servicio. 

En Estados Unidos, el 10 de diciembre de 2025, la Reserva Federal recortó 25 pb y dejó el rango objetivo en 3,50%–3,75%, subrayando que la incertidumbre seguía “elevada” y que habían aumentado los riesgos a la baja para el empleo. Fue un recorte que no quiso sonar como capitulación: más bien como administración de riesgos en una economía que ya no ofrece certezas fáciles.  

En la eurozona, el BCE cerró diciembre sosteniendo el timón: mantuvo la tasa de la facilidad de depósito en 2,00% (y las demás tasas clave en 2,15% y 2,40%), con el mensaje de que la trayectoria dependería de los datos y de la transmisión financiera.  

Reino Unido también se movió hacia abajo, pero con división interna: el 17 de diciembre, el Banco de Inglaterra recortó 25 pb a 3,75%, por 5–4, un recordatorio de que “la inflación cede” no significa “la inflación está vencida”.  

La anomalía fue Japón. El 19 de diciembre, el Banco de Japón elevó su tasa de política a 0,75%, y aun así insistió en que las tasas reales seguirían significativamente negativas, manteniendo condiciones acomodaticias. Es el tipo de frase que solo se pronuncia cuando un banco central intenta salir de un régimen histórico sin provocar una sacudida en bonos, yen y expectativas. 

La moraleja monetaria del año fue incómoda: las tasas bajan, pero el capital no necesariamente se abarata en términos efectivos, porque el riesgo —geopolítico, fiscal y financiero— se ha vuelto más estructural. 

El comercio no colapsó: se encareció (y se volvió geopolítico) 

En 2025, el comercio mundial se pareció menos a un circuito de eficiencia y más a un mapa de seguridad. La OMC actualizó su proyección: el volumen del comercio de mercancías crecería 2,4% en 2025, pero apenas 0,5% en 2026. En servicios, el volumen de exportaciones comerciales se estimó en 4,6% (2025) y 4,4% (2026). Son cifras que, leídas juntas, cuentan una historia: el comercio resiste hoy, pero el horizonte se empequeñece bajo el peso de tarifas, incertidumbre regulatoria y reconfiguración de cadenas.  

UNCTAD fue aún más explícita al describir el nuevo engranaje: la “financiarización” del comercio —y la dependencia del sistema financiero— se profundiza. El dato es tan revelador como frágil: más del 90% del comercio mundial depende de infraestructura financiera global (banca internacional, plataformas de pago y compensación, y arquitectura de trade finance). En un mundo de tensiones, eso significa que los shocks financieros no solo acompañan al comercio: pueden condicionarlo.  

Y cuando el comercio se vuelve geopolítico, también se vuelve logístico. El Review of Maritime Transport 2025 documentó cómo la disrupción en el Mar Rojo y el desvío por el Cabo de Buena Esperanza aumentaron distancias y tiempos de viaje, elevaron consumo de combustible y costos, y empujaron tarifas spot hacia niveles cercanos a los picos de la era COVID antes de moderarse. La volatilidad, sugiere UNCTAD, está dejando de ser episodio para convertirse en norma.  

Así, 2025 no “desglobalizó” al mundo; lo hizo más caro y más frágil. La economía siguió comerciando, pero pagando una prima por redundancia. 

Energía: la transición sigue, pero la seguridad manda 

La energía volvió a comportarse como variable de seguridad nacional. El World Energy Outlook 2025 de la IEA fue claro en el énfasis: la seguridad de suministro de minerales críticos se convirtió en tema central, en un contexto de tensiones geopolíticas y decisiones divergentes de política energética entre gobiernos.  

En petróleo, la IEA ofreció una fotografía operativa del año: en el Oil Market Report – December 2025, proyectó que la demanda global aumentaría 830 kb/d en 2025 y que en 2026 subiría 860 kb/d (una revisión al alza de 90 kb/d). El detalle importa porque revela la mecánica del ciclo: en 2025, gasoil y jet/kerosene explican la mitad de las ganancias; en 2026, el protagonismo pasa a los petroquímicos, con una participación de más del 60% del crecimiento.  

El subtexto es el verdadero mensaje: la transición energética avanza, sí, pero con un costo adicional de blindar suministro, infraestructura y cadenas de insumos. La energía se volvió menos “mercado” y más “estrategia”. 

Mercados: firmeza arriba, tensiones abajo 

2025 fue un año en el que el mercado pudo verse sólido y, simultáneamente, el regulador pudo ver fragilidad. No es contradicción: es perspectiva. 

El Global Financial Stability Report (octubre 2025) del FMI advirtió que los riesgos de estabilidad financiera permanecían elevados, en particular por valoraciones estiradas, presiones en mercados de bonos soberanos y el papel creciente de instituciones financieras no bancarias. El problema no es solo su tamaño: es su función en momentos de estrés, cuando la liquidez se vuelve un bien escaso y la correlación entre activos se dispara.  

El BIS, en su Annual Economic Report 2025, reforzó una idea de fondo: el sistema financiero global ha cambiado la forma en que transmite condiciones financieras —y, por tanto, shocks— a través de fronteras e intermediarios. La estabilidad ya no depende únicamente de bancos y tasas; depende de arquitectura de mercados, colateral, intermediarios no bancarios y conexiones internacionales que pueden amplificar movimientos.  

En Europa, incluso el enfoque regional se alineó con esa preocupación: el ESRB publicó su EU Non-bank Financial Intermediation Risk Monitor 2025, centrado en vulnerabilidades ligadas a fondos, otras instituciones financieras, interconexión, liquidez, apalancamiento y también criptoactivos e intermediarios asociados.  

La estabilidad, en suma, dejó de depender de un solo dique. 

La “economía paralela” del crédito: grande, creciente y difícil de medir 

Si 2025 tuvo un protagonista silencioso, fue la intermediación no bancaria: el lugar al que migra parte del riesgo cuando la banca se vuelve más regulada y más cauta. 

El FSB reportó que la intermediación financiera no bancaria creció en 2024 hasta USD 256,8 billones, a doble velocidad que la banca. Además, su “medida estrecha” —diseñada para capturar vulnerabilidades tipo bancarias— subió a USD 76,3 billones (12,7% de crecimiento), equivalente a 15,4% de los activos financieros totales. Y el reporte remarcó una limitación crítica: la insuficiencia de datos regulatorios, especialmente en private credit. En finanzas, los vacíos de datos suelen convertirse en vacíos de confianza en la peor semana posible.  

El FMI, desde su óptica, fue directo: los vínculos entre bancos y no bancos pueden transmitir estrés con rapidez y complicar la gestión de crisis.  

Política fiscal: el amortiguador que se está agotando 

La deuda pública fue el telón de fondo de 2025: rara vez titular diario, siempre restricción estructural. En el Fiscal Monitor (octubre 2025), el FMI proyectó que la deuda pública global superaría 100% del PIB en 2029, su nivel más alto desde 1948. Y añadió una frase que suena técnica, pero es política: con un 5% de probabilidad, la deuda podría alcanzar 124% en 2029. Esto no describe un destino inevitable; describe un margen de maniobra que se estrecha.  

La consecuencia práctica es sencilla: en un mundo más endeudado, la respuesta a shocks se vuelve más cara; y el costo de capital soberano deja de ser una variable pasiva para convertirse en parte activa del ciclo macro. 

Geopolítica: el shock que no aparece en el IPC… hasta que aparece 

La geopolítica de 2025 funcionó como un impuesto invisible. A veces se expresa como tarifa; otras, como retraso logístico; otras, como prima de riesgo. El FMI mostró, en su trabajo sobre riesgos geopolíticos en el GFSR, que estos eventos pueden afectar precios de activos, elevar primas soberanas y generar contagio a través de vínculos comerciales y financieros. Es decir: la geopolítica no solo acompaña a la macro; puede reescribirla.  

UN DESA, desde el enfoque de desarrollo, insistió en el mismo punto desde otra puerta: tensiones comerciales, inversión débil, deuda alta y conflictos geopolíticos pesan sobre el horizonte y mantienen al mundo por debajo de su ritmo prepandemia.  

Y UNCTAD lo elevó a tesis: el comercio y las finanzas no deben analizarse por separado, porque su interdependencia es ahora un canal central de transmisión de vulnerabilidad, especialmente para economías en desarrollo.  

 El dólar, los desbalances y la anatomía del sistema monetario 

En un año donde la fragmentación gana espacio, el sistema monetario internacional no dejó de girar alrededor del dólar. El External Sector Report 2025 del FMI examinó el ensanchamiento de balances de cuenta corriente y recalcó que, pese a cambios profundos en la economía mundial, el dólar sigue siendo la moneda global central en múltiples usos. Esa estabilidad aparente convive con asimetrías crecientes: un mundo más especializado en comercio o finanzas, y una arquitectura monetaria que concentra funciones globales en una sola moneda.  

En otras palabras: los flujos globales no solo responden a tasas; responden a la estructura del sistema. Y cuando la estructura se tensiona por geopolítica, las elasticidades cambian. 

Conclusión: 2025 como ensayo general de un mundo más caro de asegurar 

2025 no fue el año de la crisis; fue el año en que la economía global comprobó que podía evitarla… pagando una prima. La desinflación permitió recortes de tasas y alivió el pánico de 2022–2023, pero no eliminó la ansiedad: la trasladó. Parte se fue a la política fiscal (deuda alta y espacio limitado), parte al comercio (más estrategia, menos eficiencia), parte a la energía (seguridad primero), y parte a un sistema financiero donde la intermediación no bancaria crece más rápido que la capacidad de medirla. 

El año deja una lógica que será decisiva hacia adelante: el costo del dinero puede bajar; el costo de la incertidumbre puede subir al mismo tiempo. Y cuando eso ocurre, el precio relevante para inversión no es solo la tasa de referencia, sino la prima de riesgo que exige un mundo que se reorganiza por razones estratégicas. 

Por eso 2026 no se perfila como continuación tranquila, sino como prueba: prueba de disciplina fiscal en un entorno de deuda elevada; prueba de resiliencia financiera con intermediarios no bancarios más grandes; prueba de comercio y logística bajo tensión crónica; y prueba de un sistema monetario donde el dólar sigue siendo eje, pero la política convierte los flujos en variable estratégica. 

La economía mundial terminó 2025 de pie. Pero no camina sobre autopista: camina sobre un puente colgante. Avanza mientras la confianza aguante; se vuelve frágil cuando el viento —político, fiscal, energético o financiero— decide soplar más fuerte. 


Referencias  

  • Bank for International Settlements. (2025). BIS Annual Economic Report 2025.  
  • Bank of England. (2025, December 17). Monetary Policy Summary and Minutes: Bank Rate reduced to 3.75%.  
  • Banco Central Europeo. (2025, December 18). Monetary policy decisions and statement (rates unchanged: deposit facility 2.00%). 
  • Banco de Japón. (2025, December 19). Change in the Policy Interest Rate / Monetary Policy Meeting decision (policy rate 0.75%).  
  • Financial Stability Board. (2025, December 16). Global Monitoring Report on Nonbank Financial Intermediation 2025.  
  • Fondo Monetario Internacional. (2025, October 14). World Economic Outlook: October 2025.  
  • Fondo Monetario Internacional. (2025, October 14). Global Financial Stability Report: October 2025.  
  • Fondo Monetario Internacional. (2025, October). Fiscal Monitor: October 2025 (Spending Smarter).  
  • Fondo Monetario Internacional. (2025, July 22). External Sector Report 2025: Global imbalances in a shifting international monetary system.  
  • International Energy Agency. (2025, November 12). World Energy Outlook 2025.  
  • International Energy Agency. (2025, December 11). Oil Market Report: December 2025 (Highlights).  
  • Organisation for Economic Co-operation and Development. (2025, December 2). OECD Economic Outlook, Volume 2025 Issue 2.  
  • Organización Mundial del Comercio. (2025, October 7). Global Trade Outlook (October 2025 update).  
  • United Nations, Department of Economic and Social Affairs. (2025). World Economic Situation and Prospects 2025: Key Messages; WESP 2025 Mid-year Update: Key Messages.  
  • United Nations Conference on Trade and Development. (2025, December 2). Trade and Development Report 2025: On the brink—Trade, finance and the reshaping of the global economy (Overview y capítulos).  
  • United Nations Conference on Trade and Development. (2025, September). Review of Maritime Transport 2025(overview y capítulos sobre costos/volatilidad).  
  • United States Federal Reserve. (2025, December 10). FOMC statement (target range 3.50%–3.75%).  
  • European Systemic Risk Board. (2025, September). EU Non-bank Financial Intermediation Risk Monitor 2025.