Hasta hace apenas unas semanas, el telón de fondo de la economía mundial seguía siendo relativamente benigno: los precios de los activos habían subido en los principales mercados, la volatilidad permanecía contenida y las condiciones financieras seguían siendo acomodaticias en términos históricos. En ese contexto, las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no debían confirmar una crisis, sino administrar una desaceleración manejable. Lo que ocurrió fue algo distinto.
El FMI publicó un escenario de referencia construido ya no alrededor de una normalización ordenada, sino alrededor de una guerra: bajo el supuesto de un conflicto limitado, el crecimiento mundial bajaría a 3.1% en 2026 y 3.2% en 2027; sin guerra, el crecimiento de 2026 habría sido revisado al alza a 3.4%. Al mismo tiempo, la inflación global repuntaría a 4.4% en 2026. En el escenario adverso, el crecimiento caería a 2.5%, y en el severo rondaría 2%, con una inflación apenas por encima de 6% hacia 2027. (imf.org)
Ese desplazamiento no es trivial. No se trata solo de unas décimas menos de crecimiento, sino de un cambio de régimen: un shock geopolítico que entra por la energía, contamina expectativas de inflación, encarece el fondeo soberano y corporativo, y termina revelando vulnerabilidades que ya existían en la arquitectura financiera internacional. El propio informe de estabilidad financiera del FMI advierte que, si el conflicto persiste, el endurecimiento de las condiciones financieras puede acelerarse y transmitirse a través de intermediarios no bancarios, hedge funds, mercados repo y segmentos de crédito privado particularmente sensibles al costo del dinero y a la iliquidez. (imf.org)
La conclusión de fondo es incómoda, pero clara: la guerra ya no es un “riesgo exógeno” para la macroeconomía; se ha convertido en una variable endógena del ciclo. Reescribe el precio de la energía, la trayectoria de la inflación, el espacio fiscal, el costo del capital y la valoración de los activos. El resultado es un mundo que crece menos, paga más por financiarse y depende cada vez más de un sistema financiero donde el riesgo se ha desplazado desde los bancos regulados hacia vehículos menos transparentes, más apalancados y, en algunos casos, con promesas de liquidez difíciles de sostener bajo estrés. (imf.org)
El giro del ciclo según el FMI
La primera lectura del nuevo escenario es macroeconómica. Bajo el pronóstico de referencia del FMI, el crecimiento mundial de 3.1% en 2026 no solo queda por debajo del ritmo reciente de 3.4% observado en 2024–25; también se ubica por debajo del promedio histórico de 3.7% registrado entre 2000 y 2019. Más importante aún, la corrección de la perspectiva global es engañosa si se mira solo el agregado: el organismo dejó claro que la dispersión entre países y regiones es elevada. Para las economías emergentes y en desarrollo, la revisión de crecimiento para 2026 fue de –0.3 puntos porcentuales frente a enero, mientras que para las economías avanzadas el cambio agregado fue mucho más acotado. En el escenario severo, el golpe sobre emergentes y países en desarrollo sería casi el doble del que sufrirían las economías avanzadas. (imf.org)
Esa asimetría responde a una lógica elemental: el shock entra por la oferta energética y golpea con más fuerza a quienes dependen de importaciones, tienen menor margen fiscal o enfrentan cuentas externas más frágiles. El propio FMI destacó que más de 80% de los países del mundo son importadores netos de petróleo. En Asia, por ejemplo, el uso de petróleo y gas equivale a cerca de 4% del PIB, casi el doble de Europa, y las importaciones netas de hidrocarburos rondan 2.5% del PIB. Bajo el escenario de referencia, el FMI prevé que el crecimiento asiático se moderará de 5.0% en 2025 a 4.4% en 2026 y 4.2% en 2027; bajo los escenarios adverso y severo, la región podría perder entre 1 y 2 puntos porcentuales acumulados de crecimiento hacia 2027. (imf.org)
Por eso, interpretar el nuevo 3.1% como una simple “desaceleración” sería un error analítico. Lo que el FMI está diciendo es que el mundo pasó de una narrativa de resiliencia apoyada en inversión tecnológica, condiciones financieras favorables y menor presión arancelaria, a otra dominada por una oferta energética más escasa, mayor inflación y un capital más caro. Incluso si el conflicto no escala más, la normalización ya no luce lineal. Reuters resumió esa lectura de las reuniones señalando que el propio Fondo veía a la economía mundial deslizándose hacia un escenario más adverso y que un conflicto prolongado podría empujarla hacia la recesión global. (imf.org)
Cuadro 1. Escenarios del FMI para 2026-2027
| Escenario | PIB global 2026 | PIB global 2027 | Inflación global 2026 | Inflación global 2027 | Lectura de mercado |
| Base | 3.1% | 3.2% | 4.4% | 3.7% | Desaceleración con tasas altas por más tiempo |
| Adverso | 2.5% | 3.0% | 5.4% | 3.9% | Menor emisión, spreads más amplios, presión sobre emergentes |
| Severo | 1.8% | 2.2% | 5.8% | 6.1% | Escenario cercano a recesión global y estanflación persistente |
Fuente base: FMI, World Economic Outlook, abril de 2026; lectura de mercado y síntesis interpretativa: elaboración VQG Research. (imf.org)
Del shock en Oriente Medio al endurecimiento financiero
La clave técnica del episodio es que no estamos frente a un shock de demanda convencional, sino ante un shock negativo de oferta, de gran escala, global y asimétrico. En la antesala de las reuniones, el FMI describió una caída cercana a 13% en los flujos diarios mundiales de petróleo y de 20% en los de gas natural licuado. En ese contexto, el Brent pasó de 72 dólares por barril antes de las hostilidades a un pico de 120 dólares. El Fondo añadió que la interrupción de suministros podría empujar a otros 45 millones de personas a inseguridad alimentaria, elevando el total de población en hambre por encima de 360 millones, al tiempo que alteraba cadenas de suministro vinculadas a fertilizantes, helio, plásticos y combustibles refinados. (imf.org)
El mecanismo de transmisión opera por tres canales. El primero es el más visible: mayores precios de energía y escasez de insumos elevan costos y erosionan ingreso real. El segundo es más peligroso: si ese encarecimiento contamina expectativas de inflación, los bancos centrales pierden grados de libertad. El tercero es el verdaderamente macrofinanciero: desde un punto de partida de condiciones muy laxas, el shock ya había generado ampliación de spreads en emergentes, corrección de acciones y apreciación del dólar. El FMI fue explícito al señalar que los rendimientos de referencia subieron, encareciendo el costo de la deuda, y que un estímulo fiscal financiado con déficit, en ese entorno, solo agravaría la tensión entre política monetaria y política fiscal. (imf.org)
El frente fiscal agrava la historia. El déficit fiscal global se mantuvo en 5% del PIB en 2025; la deuda pública bruta mundial subió a 94% del PIB y el FMI proyecta que alcanzará 100% en 2029, un año antes de lo previsto. En apenas cuatro años, el gasto por intereses aumentó desde 2% hasta casi 3% del PIB. En un escenario severo, la medida de “deuda en riesgo” del FMI superaría 120% del PIB mundial, frente a 117% en el escenario de referencia, con el aumento concentrado en economías emergentes y en desarrollo. Dicho de otro modo: la guerra no golpea a la economía global en un balance limpio, sino en uno ya sobrecargado por deuda, mayor gasto en defensa, transición energética, bajas reservas fiscales y una oferta creciente de bonos que el sector privado debe absorber a tasas más elevadas. (imf.org)
Los eslabones frágiles del Sistema Financiero
El diagnóstico del FMI no es que el sistema haya entrado ya en una crisis; de hecho, insiste en que el funcionamiento de mercado se ha mantenido ordenado. El problema es que el perfil de riesgos es asimétrico. Cuanto más se prolongue el conflicto, más probable es que el ajuste en precios de activos deje de ser un repricing contenido y se transforme en tensión de liquidez y fondeo. El organismo identifica varios amplificadores: altos niveles de deuda y riesgos de refinanciación en mercados soberanos, mayor volatilidad en bonos, potencial presión de salidas de capital en emergentes, ventas forzadas de intermediarios no bancarios apalancados, y una relación cada vez menos confiable entre bonos y acciones como mecanismo de cobertura. (imf.org)
El problema soberano es más técnico de lo que parece. En su GFSR, el FMI subraya que la madurez promedio de la deuda recién emitida ha caído en varias jurisdicciones, mientras la emisión soberana y corporativa de corto plazo ha presionado los mercados repo. En ese entorno, mayores rendimientos y mayores riesgos de rollover pueden tensar el mercado de fondeo y revivir la relación entre deuda soberana y banca. No se necesita una cesación de pagos para desestabilizar el sistema; basta con que el mercado exija una prima mayor por absorber más duración, más papel corto y más volatilidad al mismo tiempo. (imf.org)
Ese riesgo se vuelve más delicado cuando se observa la escala ya alcanzada por los intermediarios no bancarios. Según el Consejo de Estabilidad Financiera, el sector de intermediación financiera no bancaria creció 9.4% en 2024, el doble del ritmo del sistema bancario, y llegó a representar 51% de los activos financieros globales, equivalentes a 256.8 billones de dólares. Su “medida estrecha” —la parte del universo no bancario con rasgos más cercanos al riesgo bancario— ascendió a 76.3 billones de dólares. (fsb.org)
La interconexión ya es visible dentro de los balances bancarios. En el análisis del FMI sobre private credit y NBFI, la porción identificada de exposiciones bancarias a vehículos de crédito privado superaba 500 mil millones de dólares a escala global, y el total probablemente excedía 25% de los activos bajo gestión de los fondos de private credit. Además, el FMI venía advirtiendo desde 2025 que algunas instituciones altamente apalancadas y su nexo con el sistema bancario podían amplificar episodios de tensión financiera. En otras palabras, el riesgo ya no está “afuera” del sistema bancario: está conectado con él por líneas de crédito, compromisos, repos, garantías y financiamiento estructurado. (imf.org)
Cuadro 2. Indicadores estructurales del nuevo riesgo financiero
| Indicador | Último dato | Implicación |
| Activos globales de non-banks | USD 256.8 billones | Los intermediarios no bancarios ya son sistémicos |
| Participación en activos financieros globales | 51% | La estabilidad no depende solo de los bancos |
| Private Credit AUM | Más de USD 2.5 billones | Mayor exposición a iliquidez y refinanciación |
| Préstamos vivos de Private Credit | Más de USD 1.2 billones | Segmento relevante para el ciclo corporativo |
| Compromisos bancarios con PE y Private Credit | Aprox. USD 322 mil millones | Interconexión banco-non-bank creciente |
| Flujos de portafolio a emergentes por non-banks | Cerca de USD 4 billones acumulados | Mayor sensibilidad a VIX y shocks geopolíticos |
Fuente base: FSB sobre NBFI global; BIS sobre escala del private credit; Federal Reserve Board sobre compromisos bancarios con private credit y private equity; FMI sobre flujos hacia emergentes canalizados por non-banks; implicaciones analíticas: elaboración VQG Research. (fsb.org)
A esto se suma el apalancamiento de los hedge funds y la fragilidad potencial del crédito privado. El GFSR de abril de 2026 reporta que la exposición nocional bruta de hedge funds a derivados de tasas y bonos soberanos superó 18 billones de dólares en 2025, frente a menos de 9 billones en 2020; además, el basis trade cash-futures ya supera 1 billón de dólares. En private credit, el FMI advierte que las tasas de default podrían más que duplicarse bajo un escenario de tasas significativamente más altas o de caída relevante en utilidades. Aproximadamente una quinta parte de los préstamos de direct lending está asociada al sector software, y la exposición a esos prestatarios puede superar 50% del NAV en algunos vehículos apalancados. Aunque el descalce de liquidez se concentra hoy en estructuras semilíquidas —alrededor de una quinta parte del ecosistema de préstamos directos—, el Fondo muestra que ciertos BDC no listados podrían soportar reembolsos trimestrales de 5% del NAV durante 9 a 11 trimestres bajo estrés leve, pero agotarían sus colchones en 5 a 7 trimestres bajo un choque moderado. El mensaje es inequívoco: no es un “momento Lehman”, pero sí un sistema con menos margen de error del que sugieren los precios cuando la liquidez es abundante. (imf.org)
Lo que cambia para los mercados
Para los inversionistas, el cambio más importante es que la prima geopolítica dejó de ser un ruido de corto plazo y pasó a incrustarse en la estructura del mercado. El propio FMI advierte que shocks de oferta más frecuentes han erosionado la vieja relación de cobertura entre acciones y bonos, elevando el riesgo de desapalancamiento simultáneo en ambas clases de activos. Al mismo tiempo, los flujos hacia emergentes lucen más frágiles de lo que sugiere una lectura superficial de condiciones financieras aún relativamente benignas: en bonos, los flujos recientes son promedio en el mejor de los casos; en renta variable, las entradas son débiles; y las entradas de cartera muestran mayor sensibilidad al carry frente a Estados Unidos. (imf.org)
Eso obliga a revisar varias intuiciones de portafolio. La primera es sobre duración: cuando deuda alta, mayor emisión y mayores riesgos de refinanciación coinciden con presión inflacionaria por oferta, el tramo largo de la curva deja de ser un refugio automático. La segunda es sobre crédito: el carry ya no puede evaluarse sin mirar la estructura de liquidez del instrumento, la dependencia de fondeo bancario y la probabilidad de refinanciación en un mercado menos paciente. La tercera es sobre emergentes: no basta con mirar crecimiento; importa si la economía es importadora o exportadora de energía, si tiene reservas, si su moneda puede absorber el shock y si su política fiscal conserva credibilidad. (imf.org)
Por inferencia del cuadro descrito por el FMI y el FSB, la asignación de activos favorece hoy calidad de balance sobre beta, liquidez sobre iliquidez, y duración moderada sobre apuestas agresivas por caída de tasas. También favorece, dentro de la renta variable, empresas con capacidad de trasladar precios, bajo apalancamiento, generación visible de caja y exposición a temas estructurales que ganan relevancia en un mundo más fragmentado, como seguridad energética, infraestructura crítica y eficiencia. Lo contrario —perseguir rendimiento en vehículos opacos, semilíquidos o dependientes de rollover generoso— luce cada vez menos compensado. (fsb.org)
Ahora bien, sobrerreaccionar también sería un error. El caso base del FMI no es una crisis sistémica inmediata: el mercado sigue operando de forma ordenada y el propio informe sostiene que el impacto sistémico del descalce de liquidez en private credit parece hoy contenido a estructuras semilíquidas. El punto no es liquidar indiscriminadamente el riesgo, sino reconocer que el costo del error subió. En un mundo de crecimiento más bajo, inflación más volátil y sistema financiero más interconectado con non-banks, el descuento de flujos a una tasa demasiado complaciente se convierte en la principal fuente de equivocaciones de valuación. (imf.org)
Opinión del grupo de Research de VQG
A juicio del grupo de Research de VQG, el mercado corre el riesgo de leer el 3.1% del escenario de referencia como una advertencia moderada, cuando en realidad es una señal de cambio estructural. Ese número descansa en un supuesto relativamente benigno sobre la duración y el alcance del conflicto, y convive con una deuda pública mundial de 94% del PIB, una trayectoria hacia 100% en 2029, un gasto por intereses en ascenso y un ecosistema financiero donde los non-banks ya concentran 51% de los activos. En ese contexto, el tema no es solo cuánto crecerá el mundo, sino cuánto capital adicional exigirá para tolerar la incertidumbre. (imf.org)
La primera recomendación para inversionistas es preservar opcionalidad: más liquidez táctica, menos dependencia de ventanas estrechas de mercado y una revisión explícita del riesgo de refinanciación de cada posición.
La segunda es privilegiar calidad: en renta fija, duración corta o intermedia y mejor calidad crediticia; en crédito privado, mucha más exigencia sobre valuación, términos de liquidez, concentración sectorial y dependencia de líneas bancarias; en estrategias apalancadas, tolerancia menor a estructuras cuyo supuesto central sea la estabilidad permanente del fondeo. (imf.org)
La tercera recomendación es ser selectivos, no simplemente defensivos. Un alto el fuego creíble y una normalización gradual del mercado energético podrían reabrir oportunidades tácticas en crédito investment grade y en renta variable de calidad. Pero, mientras la inflación de oferta siga amenazando con contaminar expectativas y la relación de cobertura entre bonos y acciones permanezca dañada, la preferencia debe seguir siendo por activos líquidos, balances robustos, empresas con poder de fijación de precios y exposiciones geográficas menos vulnerables a shocks de importación energética. En emergentes, la discriminación será más intensa: exportadores con mejores cuentas externas y mayor espacio de política deberían resistir mejor que importadores con déficits gemelos, baja cobertura y alta sensibilidad cambiaria. (imf.org)
La recomendación final de VQG es metodológica: dejar de gestionar el portafolio con un único “base case”. El entorno actual exige portafolios construidos por escenarios. El escenario benigno ya no es el regreso al mundo previo a la guerra, sino una nueva normalidad de capital más caro y mayor volatilidad geopolítica. Quien siga invirtiendo como si el shock fuera transitorio corre el riesgo de quedarse con demasiada duration, demasiada iliquidez y muy poca protección frente al próximo episodio de repricing. (imf.org)
Referencias
- Fondo Monetario Internacional. (2026, abril). World Economic Outlook: Global Economy in the Shadow of War. (imf.org)
- Fondo Monetario Internacional. (2026, 14 de abril). Press Briefing Transcript: World Economic Outlook, Spring Meetings 2026. (imf.org)
- Fondo Monetario Internacional. (2026, 14 de abril). War in the Middle East Challenges Global Financial Stability. (imf.org)
- Fondo Monetario Internacional. (2026, abril). Global Financial Stability Report, Chapter 1: Global Financial Markets Confront the War in the Middle East and Amplification Risks. (imf.org)
- Fondo Monetario Internacional. (2026, 15 de abril). Press Briefing Transcript: Global Financial Stability Report, Spring Meetings 2026. (imf.org)
- Fondo Monetario Internacional. (2026, abril). Fiscal Monitor: Fiscal Policy under Pressure: High Debt, Rising Risks. (imf.org)
- Fondo Monetario Internacional. (2026, 9 de abril). Cushioning the Middle East War Shock. (imf.org)
- Fondo Monetario Internacional. (2025, abril). Global Financial Stability Report: Enhancing Resilience amid Uncertainty. (imf.org)
- Financial Stability Board. (2025, 16 de diciembre). FSB reports continued growth in nonbank financial intermediation in 2024 to $256.8 trillion. (fsb.org)
- Reuters. (2026, 19 de abril). IMF, World Bank meetings show limits in mitigating shocks, reliance on US for solutions. (reuters.com)
- Reuters. (2026, 17 de abril). IMF says Middle East war to deepen economic divide in Latin America, Caribbean. (reuters.com)





