EL REGRESO DEL RIESGO ENERGÉTICO 

EL REGRESO DEL RIESGO ENERGÉTICO 

Cómo una guerra regional volvió a amenazar la desinflación global 

Durante buena parte de 2025 y al comienzo de 2026, la narrativa económica internacional parecía entrar en una fase de relativa normalización. La inflación venía cediendo en las principales economías, los bancos centrales comenzaban a insinuar una etapa menos restrictiva y el crecimiento global, aunque modesto, lograba mantenerse en terreno positivo. No era un panorama exuberante, pero sí uno que sugería transición y cierta recomposición del equilibrio macroeconómico. 

Ese escenario, sin embargo, cambió abruptamente en las últimas semanas. El nuevo deterioro geopolítico en Medio Oriente devolvió al centro del debate una variable que la economía global nunca termina de domesticar por completo: la energía. Cuando el petróleo se encarece de manera brusca y el suministro entra en duda, el problema deja de ser sectorial. Se transforma en inflación más persistente, crecimiento más vulnerable, mercados más tensos y bancos centrales más cautelosos. 

La OECD resumió con claridad la magnitud del momento al advertir que el conflicto en Medio Oriente está “poniendo a prueba la resiliencia de la economía global”, al elevar la incertidumbre, encarecer la energía y alterar cadenas de suministro estratégicas. Esa frase contiene la esencia del problema: el shock actual no es solo militar ni diplomático. Es, ante todo, macroeconómico. (oecd.org

Un conflicto regional con consecuencias globales 

La gravedad del episodio radica menos en su carácter bélico que en su ubicación económica. El Medio Oriente sigue siendo uno de los nodos más sensibles del sistema energético mundial, y el Estrecho de Ormuz continúa siendo una de sus arterias críticas. El FMI recordó recientemente que por esta ruta transitan cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y del comercio global de gas natural licuado. Cuando ese corredor entra en riesgo, lo que se altera no es solo el precio del crudo: se altera la percepción global de estabilidad. (imf.org

El Fondo añadió un dato particularmente revelador: el tráfico marítimo por Ormuz llegó a caer 90%, mientras los precios del petróleo han subido cerca de 50% desde diciembre. Esa combinación es suficiente para cambiar el tono de la conversación económica global. De repente, lo que hasta hace poco parecía una trayectoria de desinflación razonablemente administrable empieza a enfrentar una fuente de presión externa difícil de controlar desde la política monetaria. 

El petróleo vuelve a convertirse en variable sistémica 

La Agencia Internacional de Energía reforzó esa lectura con un diagnóstico aún más severo. En su informe de marzo, la IEA sostuvo que la guerra en Medio Oriente está generando “la mayor disrupción de oferta en la historia del mercado global del petróleo”. Según la entidad, los flujos de crudo y productos refinados a través de Ormuz —que antes del conflicto rondaban los 20 millones de barriles diarios— se redujeron prácticamente a un mínimo operativo; la producción de los países del Golfo cayó al menos en 10 millones de barriles diarios, y la oferta mundial de petróleo se proyecta con una disminución de 8 millones de barriles diarios en marzo. En ese entorno, el Brent llegó a rozar los USD 120 por barril. (iea.org

Ese dato importa porque el petróleo no permanece contenido dentro del mercado petrolero. Se transmite con rapidez hacia el transporte, la logística, la generación eléctrica, la manufactura, los fertilizantes y, en última instancia, los alimentos. El Banco Mundial advirtió el 26 de marzo que las disrupciones en las rutas de transporte ya están aumentando costos y ampliando los riesgos de suministro en fertilizantes e insumos agrícolas estratégicos. El shock, por tanto, ya no debe leerse solo como una tensión sobre la energía, sino como una presión potencial sobre toda la estructura de costos de la economía mundial. (worldbank.org

Del barril a la inflación: la transmisión hacia la economía real 

Aquí es donde el episodio adquiere mayor profundidad macroeconómica. Un aumento abrupto del precio del petróleo no solo encarece combustibles; también deteriora expectativas. Y en economía, las expectativas importan tanto como los precios mismos. Cuando hogares, empresas y mercados comienzan a anticipar una energía más costosa durante varios meses, se revisan presupuestos, se encarecen coberturas, se modera inversión y se reabren dudas sobre la velocidad con la que la inflación puede volver a los objetivos de largo plazo. 

El FMI ofreció una referencia útil para medir el fenómeno: un incremento de 10% en el precio del petróleo que persista durante buena parte del año podría añadir alrededor de 0.4 puntos porcentuales a la inflación global y restar entre 0.1% y 0.2% al crecimiento del producto mundial. Si se contrasta ese parámetro con el propio diagnóstico reciente del Fondo —que habla de un alza cercana a 50% en el petróleo desde diciembre—, la conclusión es evidente: incluso sin asumir un traslado lineal, el potencial de daño macroeconómico es significativo. (imf.org

Lo delicado es que este shock no golpea a una economía mundial ya estabilizada, sino a una que todavía estaba intentando completar la última milla de la desinflación. El avance logrado en 2025 no equivalía a una victoria definitiva; equivalía, más bien, a una reducción gradual de las presiones. Por eso un encarecimiento energético de esta magnitud no reinicia necesariamente el ciclo inflacionario, pero sí amenaza con hacerlo más largo, más incierto y más costoso. 

La OECD ya corrigió el tono del escenario global 

La OECD incorporó este deterioro en su Interim Economic Outlook de marzo de 2026. Allí proyecta un crecimiento mundial de 2.9% para 2026 y de 3.0% para 2027, bajo el supuesto de que la actual perturbación energética sea temporal y que los precios comiencen a moderarse desde mediados del año. Incluso bajo ese escenario relativamente benigno, la organización reconoce que el conflicto ya está debilitando la demanda global y añadiendo nuevas presiones inflacionarias. (oecd.org

Para el G20, la inflación prevista para 2026 se ubica en 4.0%, mientras que el crecimiento esperado para Estados Unidos se sitúa en 2.0%. En la zona euro, el panorama es todavía más débil: el crecimiento se mueve en torno a 0.8%-0.9%. No se trata aún de una economía mundial en recesión, pero sí de una más expuesta a errores de política, a sobresaltos financieros y a un nuevo endurecimiento de las condiciones de financiación. 

Bancos centrales: menos margen, más prudencia 

Este es el punto en el que el shock energético se cruza con la política monetaria. La Reserva Federal, en su decisión del 18 de marzo de 2026, mantuvo la tasa de fondos federales en 3.5%-3.75%, al tiempo que reconoció que la incertidumbre económica continúa elevada y que los acontecimientos en Medio Oriente pueden tener implicaciones inciertas para la actividad y la inflación en Estados Unidos. La formulación fue cuidadosamente técnica, pero el mensaje de fondo resultó claro: la política monetaria ya no puede evaluarse solo a partir del ciclo doméstico, sino también desde la geopolítica. (federalreserve.gov

El Banco Central Europeo expresó una preocupación similar. El 19 de marzo dejó sus tasas sin cambios y advirtió que la guerra en Medio Oriente ha hecho el panorama “significativamente más incierto”, al generar riesgos alcistas para la inflación y riesgos bajistas para el crecimiento. Además, elevó su proyección de inflación para la zona euro a 2.6% en 2026 y recortó su expectativa de crecimiento a 0.9%, 0.3 puntos porcentuales por debajo de la estimación de diciembre. (ecb.europa.eu

La implicación es importante: el debate ya no es simplemente cuándo comenzarán los recortes o cuántos puntos básicos podrían bajar las tasas este año. La verdadera pregunta ahora es cuánto tiempo deberán permanecer más restrictivas las condiciones monetarias porque la inflación puede volver a recibir presión desde el lado de la oferta. Esa diferencia cambia por completo el ánimo de los mercados. 

El riesgo para emergentes: dólar fuerte, energía cara y menor margen fiscal 

Si las economías avanzadas enfrentan un dilema monetario, los mercados emergentes enfrentan uno aún más complejo. El FMI ha señalado que, junto con el repunte del petróleo, ya se observan caídas bursátiles, mayores rendimientos soberanos, fortalecimiento del dólar y depreciación de varias monedas emergentes. Para países importadores netos de energía, esa combinación es especialmente onerosa: se deteriora la cuenta corriente, aumentan los costos de subsidios si existen mecanismos de contención interna y se reduce el margen para relajar tasas sin castigar la estabilidad cambiaria. (imf.org

Además, cuando el encarecimiento energético se transmite hacia alimentos y fertilizantes, el problema deja de ser solo financiero y pasa a ser también social y político. No todos los países tienen la misma capacidad de absorber un shock de costos importados. Y allí es donde la energía cara vuelve a exhibir su carácter más delicado: castiga con especial dureza a quienes tienen menos espacio fiscal y menor credibilidad monetaria. 

La respuesta no pasa por negar el shock, sino por administrarlo 

Las recomendaciones de política hasta ahora han sido relativamente convergentes. La OECD plantea que cualquier apoyo a hogares o empresas debe ser focalizado, temporal y diseñado sin destruir los incentivos al ahorro energético. La IEA, por su parte, ha promovido medidas extraordinarias, incluida la liberación de 400 millones de barriles desde reservas estratégicas y acciones orientadas a moderar la demanda. (iea.org

La lógica detrás de estas respuestas es clara. No se trata de fingir que el shock no existe ni de intentar congelar políticamente todos sus efectos. Se trata de impedir que una perturbación externa derive en una espiral más amplia de daño sobre actividad, consumo y estabilidad social. La clave no está en anular completamente la señal de precios, sino en evitar que se convierta en un golpe desproporcionado sobre los sectores más vulnerables y sobre la inversión productiva. 

No es solo petróleo: es el precio global de la incertidumbre 

El error sería leer lo ocurrido como un simple repunte del barril. En realidad, lo que se está encareciendo no es solo la energía, sino también la prima global de incertidumbre. Cuando una economía mundial ya desacelerada vuelve a enfrentarse a un shock de oferta, el costo del capital deja de bajar tan rápido como se esperaba, las decisiones de inversión se vuelven más cautelosas y los mercados revalúan riesgos que hace apenas un mes parecían en retirada. 

Ese cambio de tono es quizá el dato más importante de estas semanas. La desinflación mundial sigue en pie, pero ya no luce lineal ni asegurada. El crecimiento global sigue siendo positivo, pero menos robusto. Los bancos centrales no han perdido el control, pero sí parte del margen que esperaban recuperar. Y los mercados, una vez más, han recordado que la macroeconomía del siglo XXI sigue dependiendo de variables tan antiguas como el petróleo, las rutas marítimas y la estabilidad geopolítica. 

Epílogo: la última milla de la desinflación será más difícil 

El episodio actual no implica necesariamente el regreso pleno de la estanflación, pero sí revive una versión moderna de ese dilema: energía cara, crecimiento más frágil y bancos centrales obligados a moverse con una prudencia casi defensiva. El verdadero problema no es solo que el petróleo haya subido; es que la economía global estaba intentando completar la última milla de la desinflación justo cuando la geopolítica volvió a intervenir. 

En última instancia, estas semanas han dejado una lección que los mercados tienden a olvidar cuando el entorno se tranquiliza: la estabilidad macroeconómica no depende únicamente de datos de inflación, empleo o tasas. También depende de que las grandes arterias energéticas del mundo permanezcan abiertas. Cuando una de ellas se obstruye, el precio del barril deja de ser un dato sectorial y se transforma, otra vez, en un organizador central del riesgo económico global. 


Fuentes consultadas 

  • Organisation for Economic Co-operation and Development. (2026, March 26). OECD Economic Outlook, Interim Report March 2026. OECD. (oecd.org
  • Organisation for Economic Co-operation and Development. (2026, March 26). Global economic outlook remains robust but has weakened amid energy shock and geopolitical risks. OECD. (oecd.org
  • International Energy Agency. (2026, March). Oil Market Report – March 2026. IEA. (iea.org
  • International Energy Agency. (2026, March 20). Sheltering From Oil Shocks: Measures to reduce impacts on households and businesses. IEA. (iea.org
  • Board of Governors of the Federal Reserve System. (2026, March 18). Federal Reserve issues FOMC statement. Federal Reserve. (federalreserve.gov
  • European Central Bank. (2026, March 19). Monetary policy decisions. ECB. (ecb.europa.eu
  • European Central Bank. (2026, March 19). ECB staff macroeconomic projections for the euro area, March 2026. ECB. (ecb.europa.eu
  • International Monetary Fund. (2026, March 9). Coping and Thriving in a Fluid World. IMF. (imf.org
  • International Monetary Fund. (2026, March 20). Press Briefing Transcript: Julie Kozack, Director, Communications Department, March 19, 2026. IMF. (imf.org
  • World Bank Group. (2026, March 26). World Bank Group Statement on the Conflict in the Middle East. World Bank. (worldbank.org