2026 En América, Cuando el precio del dinero baja, pero el precio de la incertidumbre sube 

2026 En América, Cuando el precio del dinero baja, pero el precio de la incertidumbre sube 

Hay años en los que los mercados se mueven por un dato. Y hay años —como 2026— en los que los mercados se mueven por un clima. Un clima hecho de cuatro frentes que, por separado, ya serían relevantes, pero que juntos pueden redefinir el mapa de riesgos y oportunidades del continente: la Fed entrando en una fase más clara de normalización monetaria, el cambio político en Chile tras la victoria de José Antonio Kast, el endurecimiento del cerco estadounidense sobre Venezuela y el ciclo electoral colombiano. 

El punto no es “quién gana” o “quién recorta”. El punto es cómo se reescribe la prima de riesgo cuando el costo global del capital se abarata, pero los shocks políticos y geopolíticos amenazan con volver más caro lo que realmente decide el flujo: la confianza. 

LA FED: El ancla invisible que ordena (o desordena) el resto del continente 

E 10 de diciembre de 2025, la Reserva Federal recortó su tasa objetivo al rango de 3,50%–3,75%. Es un movimiento pequeño en puntos básicos, pero grande en narrativa: la Fed dejó de estar obsesionada con “apretar” y comenzó a calibrar el aterrizaje. 

Más sugestivo aún es lo que la Fed insinúa sobre 2026 en su propio tablero de proyecciones: la mediana del tipo de política a fin de 2026 se ubica en 3,4%.  Traducido al lenguaje de portafolio: el mercado puede empezar a comprar duración (duration) sin sentir que está peleando contra la marea; puede volver a mirar crédito y emergentes sin que cada repunte del dólar sea una amenaza existencial; puede —con cuidado— reactivar el apetito por riesgo. 

Pero la Fed también dejó una pista adicional que los mercados suelen leer entre líneas: para suavizar tensiones de liquidez típicas del cierre de año, anunció compras de T-bills por alrededor de USD 40.000 millones mensuales, además de reinversiones, para estabilizar el mercado de financiamiento de corto plazo. No es “QE” en el sentido clásico; es plumbing, fontanería monetaria. Sin embargo, en la práctica, reduce fricciones y volatilidad en el tramo donde se forman muchas tasas que terminan viajando al mundo. 

En 2026, ese “aire financiero” puede ser el viento de cola para América Latina. Pero aquí empieza la parte incómoda: cuando la tasa de la Fed baja, el capital no se vuelve indiscriminado; se vuelve más selectivo. Y en esa selección, la política doméstica importa tanto como la inflación. 

CHILE: Una elección que promete orden, pero exige gobernabilidad 

Chile llega a 2026 con un giro político nítido. José Antonio Kast ganó la segunda vuelta presidencial con cerca de 58% de los votos (frente a 42% de Jeannette Jara). Esa magnitud suele activar un reflejo inmediato de mercado: la idea de que volverá el “premio por reglas”, el apetito por inversión, una agenda más amigable con el sector privado. 

Y, sin embargo, el mercado chileno sabe algo que a veces el debate público olvida: la confianza no se decreta; se ejecuta. Reuters enfatiza un elemento que en 2026 será crucial: Kast enfrenta un Congreso dividido y, por tanto, una restricción institucional clara a cambios abruptos. Esto, puede ser virtud o freno. Virtud porque acota riesgos extremos; freno porque limita reformas rápidas incluso si fueran pro-inversión. 

La macro ayuda. El Banco Central de Chile, en su IPoM de diciembre de 2025, afirma que en el escenario central la inflación llegaría a la meta de 3% en el primer trimestre de 2026, con riesgos de convergencia reduciéndose. Esa frase, para un inversionista, equivale a una puerta que se abre: si la inflación vuelve a 3% de forma relativamente ordenada, el costo real del dinero puede bajar sin que el mercado tema una recaída inflacionaria. 

Pero incluso con inflación alineándose, hay un segundo termómetro: el fiscal. La Dirección de Presupuestos (Dipres) señaló que el Presupuesto 2026 supone un aumento de 1,7% del gasto (vs. Ley 2025), compatible con un déficit estructural de -1,1%, incluyendo reasignaciones y cierre de programas. Es decir: un intento explícito de disciplina y reordenamiento. 

Entonces, ¿qué podría pasar en 2026? 

Si el nuevo gobierno logra traducir su mandato en una señal temprana de gobernabilidad —coaliciones, prioridades creíbles, tono institucional— Chile podría capturar con más fuerza el “dividendo Fed”: spreads más estrechos, costo de capital menor, y un regreso más decidido de inversión (sobre todo si la estabilidad inflacionaria se consolida). Si, por el contrario, la política se convierte en una negociación perpetua sin señales claras, el mercado puede mantener una postura de “esperar y ver”: sin castigar violentamente, pero sin pagar múltiplos elevados por promesas. 

VENEZUELA 2026: Del “riesgo sanción” al “riesgo de desenlace” (y la sombra del cambio de régimen) 

Venezuela entra a 2026 no solo con sanciones; entra con una escalada de presión que busca cambiar el terreno de juego. El 16 de diciembre de 2025, el presidente Donald Trump anunció una “total y completa” “blockade” de tanqueros sancionados que entren o salgan de Venezuela. Reuters destaca dos elementos que vuelven el tema especialmente delicado: los detalles de implementación no estaban claros y el anuncio elevó preocupaciones legales y políticas, además de presionar precios de petróleo.   

La insinuación aquí es potente: una cosa es restringir transacciones; otra cosa es dificultar físicamente el movimiento. Y cuando se altera el movimiento, lo que se afecta no es solo el ingreso petrolero venezolano: se afecta el seguro, el flete, la trazabilidad del crudo, el apetito de Traders y la disposición de terceros países a exponerse. 

En ese contexto, el país empieza a moverse por episodios, no por tendencias. Un ransomware sobre PDVSA (y el retorno a procesos manuales) no sería una gran historia en otro año; en este, se vuelve gasolina sobre el fuego porque coincide con un frente externo más duro: Reuters reporta más de 9 millones de barriles varados en buques, traders exigiendo nuevas condiciones y disrupción en importaciones de nafta pesada —insumo crítico para procesar crudos extrapesados—. El mercado aprende rápido una regla: cuando la logística se enreda, la “capacidad de exportar” deja de ser un número y se vuelve un permiso que se renueva viaje a viaje. 

Ahí aparece el factor que se quiere incorporar: el posible cambio de régimen como “evento binario” que el mercado no puede modelar con comodidad, pero sí puede precificar vía volatilidad. Parte de la cobertura internacional interpreta que el endurecimiento busca aumentar presión política y, eventualmente, forzar un desenlace. Incluso gobiernos terceros ya hablan en clave de contención de violencia y mediación: México pidió acción de la ONU para evitar derramamiento de sangre y ofreció terreno neutral para diálogo.   

Para 2026, el canal relevante no es solo Caracas; es el vecindario: 

  • Energía: cualquier percepción de pérdida efectiva de oferta añade prima al crudo y contamina expectativas inflacionarias regionales.   
  • Migración y frontera: un deterioro económico acelerado eleva presiones migratorias, con efectos fiscales y políticos inmediatos en países receptores.   
  • Riesgo de escalamiento: la mención de despliegues y tensión militar convierte el caso Venezuela en un “tail risk” geopolítico del hemisferio.   

El resultado es una paradoja: Venezuela puede ser pequeña en el PIB regional, pero grande en su capacidad de desordenar precios, narrativas electorales y primas de riesgo. 

COLOMBIA 2026: Más que elecciones, una definición de línea económica (y de tolerancia al riesgo) 

Colombia entra a 2026 con un telón de fondo mixto: inflación bajando gradualmente, pero con el mercado mirando el punto donde las curvas se quiebran: la política fiscal y la claridad de rumbo. En su Artículo IV (2025), el FMI fue explícito al describir el momento: un año preelectoral con mejoría parcial en crecimiento e inflación, pero con déficit fiscal ampliándose, deuda al alza, spreads soberanos elevados y una inversión privada aún débil por preocupaciones e incertidumbre.   

La Junta del Banco de la República, en sus minutas, también da una señal sutil pero importante: las expectativas de inflación para 2026 han tendido a ubicarse alrededor de 4% en encuestas de analistas (por encima de la meta), mientras persisten preocupaciones por el frente fiscal y por la transmisión a precios. En año electoral, esa combinación importa porque condiciona el “beneficio Fed”: si el mundo abarata el dólar, pero el país eleva su prima local por ruido fiscal o regulatorio, el alivio externo se diluye. 

Ahora bien, la línea política que se definirá en 2026 no será un debate abstracto; se traduce en tres ejes que el mercado monitorea como si fueran indicadores: 

  1. Disciplina fiscal y regla: no solo promesas de déficit, sino credibilidad de ejecución y manejo de deuda. Ya se anticipa un 2026 intenso en operaciones de manejo de deuda (local e internacional) para aliviar presiones, lo cual subraya que el financiamiento será muy probablemente tema de campaña, no solo de tecnócratas. 
  1. Seguridad, gobernabilidad y clima de inversión: en la lectura de votantes, inseguridad y corrupción figuran entre los principales temas; y esos mismos factores determinan costo de operar, proyectos y capex.   
  1. Energía y reglas del juego sectorial: el mercado quiere saber si el país sostendrá un marco que preserve inversión (hidrocarburos/infraestructura) o si aumentará incertidumbre regulatoria; no solo por ideología, sino por impacto directo en balanza externa, recaudo y confianza. 

Además, el entorno internacional pesa: el CRS recuerda que Colombia ha sido un socio clave de EE. UU., aunque con tensiones recientes. En un ciclo donde Venezuela escala, ese componente geopolítico se vuelve más visible y puede influir en discurso interno y en percepción de riesgo externo.   

En síntesis: Colombia 2026 no se jugará únicamente en “quién gana”, sino en qué coalición logra convencer al capital (y al votante) de que hay un rumbo ejecutable: crecimiento con sostenibilidad fiscal, seguridad con institucionalidad, y reformas sin romper la previsibilidad. 

Conclusión 

Visto desde afuera, 2026 podría parecer el año en que América Latina recibe un regalo: una Fed menos restrictiva, un mundo con más apetito por “duration” y una ventana para que los emergentes respiren. Pero los mercados nunca entregan regalos sin condiciones. Cuando el costo del dinero global se modera, lo que sube es el “precio de la coherencia”. 

Chile puede capturar un “re-rating” si convierte el giro político en gobernabilidad y la desinflación en confianza. Colombia puede convertir la desinflación en inversión si su línea política reduce la incertidumbre fiscal y regula sin asustar al capital. Y Venezuela —con un frente externo más duro y señales de tensión creciente— puede funcionar como el recordatorio incómodo de que, en el hemisferio, la geopolítica todavía puede reescribir precios y discursos en cuestión de días.   

El mapa final para 2026, entonces, no será “LatAm sube” o “LatAm cae”. Será una prueba de selección: países que ordenen expectativas cosecharán el dividendo de condiciones financieras más benignas; países que amplifiquen ruido pagarán con moneda, spreads y crecimiento. En un mundo que vuelve a premiar la disciplina y castiga la ambigüedad, América no solo compite por capital: compite por credibilidad. 


Fuentes

  • Federal Reserve. “Federal Reserve issues FOMC statement” (10 dic 2025).   
  • Federal Reserve. “Summary of Economic Projections” (10 dic 2025).   
  • Reuters. “Fed liquidity measures calm year-end funding jitters” (17 dic 2025).   
  • Reuters. “Chile elects Kast as president in sharp rightward shift” (14 dic 2025).   
  • Banco Central de Chile. “IPoM diciembre 2025” (escenario central de inflación a 3% en 1T-2026).   
  • Dipres (Chile). “Ministro de Hacienda y directora de Presupuestos…” (1 oct 2025).   
  • Reuters. “Trump orders ‘blockade’ of sanctioned oil tankers…” (16 dic 2025).   
  • White House. “Fact Sheet… Imposes Tariffs on Countries Importing Venezuelan Oil” (25 mar 2025).   
  • U.S. Treasury (OFAC). “Venezuela-Related Sanctions”.   
  • Banco de la República. “Informe de Política Monetaria – octubre 2025” (proyección inflación dic-2026: 3,6%).   
  • Reuters. “Colombia to carry out many debt management operations next year…” (16 dic 2025).   
  • Cancillería (Colombia). Recordatorio de elecciones Congreso exterior (8 mar 2026).