Bitcoin 2025: del mito del halving al ciclo de la liquidez… Y la corrección de noviembre

Bitcoin 2025: del mito del halving al ciclo de la liquidez… Y la corrección de noviembre

En cuestión de pocas semanas, el mercado cripto pasó de la euforia a la incomodidad. A comienzos de octubre de 2025, Bitcoin marcó un máximo histórico en el entorno de los 125–126 mil dólares, impulsado por entradas récord en fondos cotizados (ETFs) y por un ambiente político–regulatorio relativamente favorable en Estados Unidos. La semana pasada, el relato cambió de tono; el precio cayó por debajo de los 90.000 dólares, borró prácticamente todas las ganancias del año y encadenó una corrección cercana al 30 % desde máximos. En paralelo, las estimaciones de prensa financiera indican que el mercado cripto en su conjunto habría perdido en torno a 1,1–1,2 billones de dólares de valor en unas seis semanas.

Lo interesante no es solo la magnitud del movimiento, sino cómo encaja este episodio en la nueva dinámica de Bitcoin. Cada vez menos se trata de un ciclo dominado únicamente por el halving y más de un ciclo marcado por la liquidez institucional, los ETFs, las expectativas de tipos de interés y un marco regulatorio que se está construyendo “sobre la marcha”.

El objetivo de este texto es precisamente tratar de ordenar algo de esas ideas, dimensionar qué representan hoy las cripto y, en particular, Bitcoin; describir qué ha pasado en la última corrección; y leerlo a la luz de lo que están diciendo los organismos oficiales.

El tamaño real del fenómeno cripto

Los informes recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de otros organismos permiten poner cifras al fenómeno. A finales de 2024, la capitalización total de los criptoactivos se acercaba a los 3,9 billones de dólares. En el segundo trimestre de 2025, el mercado volvió a situarse por encima de los 3,5 billones, con Bitcoin en máximos históricos, y representando alrededor del 60 % del total. Hacia el tercer trimestre, nuevas ediciones del Crypto Assets Monitor del FMI situaban el conjunto del mercado en torno a 4,2 billones de dólares, con una cuota de Bitcoin algo menor, cerca del 56 %. Dicho de forma simple: uno de cada dos dólares del ecosistema cripto se concentra todavía en Bitcoin.

Las Stablecoins son el segundo gran bloque. La capitalización conjunta de estos tokens vinculados a monedas fiduciarias superó los 230 mil millones de dólares a mediados de 2025, con USDT (Tether) y USDC concentrando más de 200 mil millones. Diversos bancos centrales y el Banco de Pagos Internacionales (BIS) han documentado que las reservas de estos emisores están fuertemente invertidas en letras del Tesoro de Estados Unidos y otros activos de muy corto plazo, hasta el punto de que ya compiten, en escala, con algunos fondos del mercado monetario. Estudios recientes del BIS muestran que entradas y salidas bruscas en stablecoins pueden mover los rendimientos de los bonos a 3 meses, evidenciando que el puente entre “cripto” y “activo seguro” ya no es anecdótico.

Al mismo tiempo, la “institucionalización” del sector avanza. Encuestas globales realizadas a fondos de cobertura señalan que más de la mitad ya invierte en criptoactivos, aunque la mayoría limita esa exposición a un porcentaje relativamente bajo de sus activos (alrededor del 2%). El propio FMI, a través de su monitor de cripto, documenta un cambio en la base inversora: los flujos hacia fondos y productos cotizados de Bitcoin se han vuelto más importantes y el peso relativo del inversor minorista puro ha disminuido frente a asesores de inversión, intermediarios regulados y vehículos institucionales.

La corrección de la semana pasada: qué ocurrió y por qué

Sobre ese telón de fondo, la corrección de noviembre deja de ser un simple susto. Técnicamente, Bitcoin venía de una escalada muy rápida; de niveles por debajo de 80.000 dólares a nuevos máximos históricos por encima de 125.000 en apenas unos meses. Ese tramo alcista coincidió con entradas semanales en ETFs cripto que, según datos de mercado, se acercaron a los 6.000 millones de dólares, de los cuales más de la mitad se concentró en productos referenciados a Bitcoin. El precio subía, los flujos acompañaban y el discurso dominante era el de “nuevo ciclo”.

El giro llegó cuando confluyeron tres elementos. Primero, El 5 de octubre de 2025, Bitcoin alcanzó un máximo histórico en torno a125–126 mil dólares, impulsado por entradas récord en ETFs cripto (alrededor de5.950 millones de dólares en una sola semana, de los que US$ 3.550 millones se dirigieron a productos de Bitcoin). Un cambio brusco en los flujos de los ETFs a partir de la segunda semana de noviembre ocasionó que el precio retrocediera cerca de un 30% empezando a registrar salidas netas. Estimaciones de proveedores y plataformas de datos sitúan esas salidas, en pocos días, entre 1.800 y 2.500 millones de dólares solo en productos de Bitcoin. En un mercado donde una parte relevante de la oferta está inmovilizada en fondos cotizados, esa reversión de flujos se traduce rápidamente en presión vendedora.

Segundo, un contexto macro menos benigno. La corrección de Bitcoin coincidió con varios días de caídas en los índices bursátiles globales, alimentadas por el debate sobre una posible “burbuja de IA” en acciones tecnológicas y por la creciente incertidumbre respecto al ritmo de los recortes de tasas de la Reserva Federal. El Informe de Estabilidad Financiera Global del FMI de abril de 2025 ya advertía que los riesgos de mercado habían aumentado de forma significativa por la combinación de valoraciones elevadas, instituciones apalancadas y sensibilidad a sorpresas negativas en tipos e inflación. En ese marco, Bitcoin actúa cada vez más como un activo de riesgo: cuando cae el apetito global, su precio tiende a amplificar los movimientos.

El tercer elemento fue técnico y psicológico. La ruptura de niveles de soporte seguidos de cerca por operadores —como medias móviles de largo plazo— y la narrativa de “miedo extremo” que reflejaban índices de sentimiento aceleraron las ventas. El resultado fue una caída cercana al 30 % desde máximos, una perforación del umbral simbólico de los 90.000 dólares y un ajuste rápido en las valoraciones de empresas cripto listadas (mineras, exchanges, compañías de infraestructura), que tienden a sobrerreaccionar frente a los movimientos de la moneda.

Las consecuencias inmediatas son claras. Muchos inversores que entraron en la última fase del rally, en especial vía ETFs, acumulan pérdidas latentes; muchas estrategias apalancadas tuvieron que deshacerse a la fuerza; y el tono en otras áreas del ecosistema, como DeFi, se volvió más prudente. No es casual que, en paralelo, informes sobre ciberataques y pérdidas por explotación de protocolos descentralizados cifraran en más de 2.000 millones de dólares los criptoactivos robados solo en la primera mitad del año: episodios de estrés de mercado y problemas de seguridad tienden a alimentarse mutuamente en términos de confianza.

ETFs, institucionalización y riesgos sistémicos

Nada de lo anterior significa que la tendencia de fondo se haya revertido. Bitcoin se ha “normalizado” como activo financiero en el sentido de que ya forma parte del menú de productos de muchas plataformas de inversión y de que una parte significativa de su oferta está retenida en vehículos regulados.

Los datos disponibles ilustran ese cambio. Informes de supervisores de mercado muestran que, ya en 2024, los ETFs de cripto en jurisdicciones como Canadá concentraban cientos de miles de BTC, valorados en decenas de miles de millones de dólares. Análisis académicos para 2025 estiman que los diez mayores ETFs de cripto acumulaban del orden de 170 mil millones de dólares entre Bitcoin y Ether, alrededor del 6 % de la capitalización conjunta de ambos activos. A eso se suman otros vehículos estructurados y empresas cotizadas que han incorporado Bitcoin en su balance. Cuando se suman esos bloques, la conclusión es que una fracción relevante del “float” de Bitcoin depende del comportamiento de inversores institucionales y de la dinámica de productos cotizados.

Este proceso de institucionalización está siendo acompañado, no sin fricciones, por un andamiaje regulatorio global. La Junta de Estabilidad Financiera (FSB), que agrupa a supervisores y bancos centrales de las principales economías, aprobó en 2023 un marco regulatorio para actividades con criptoactivos basado en el principio de “misma actividad, mismo riesgo, misma regulación”. En 2024, el FSB y el FMI presentaron al G20 una hoja de ruta conjunta para la implementación de políticas sobre criptoactivos. Y en 2025, una revisión temática de la propia FSB evaluó el grado de avance de los países, con un mensaje matizado: muchos jurisdicciones están alineando sus normas con ese marco, pero persisten lagunas importantes, en especial en materia de stablecoins y actividades transfronterizas.

El Banco de Pagos Internacionales ha ido más lejos en el plano analítico, mostrando que DeFi y las finanzas tradicionales comparten funciones —préstamos, pagos, trading, provisión de liquidez— pero que la arquitectura cripto introduce fuentes adicionales de riesgo: apalancamiento menos visible, gobernanza difusa vía tokens, contratos inteligentes con vulnerabilidades y una fuerte concentración de liquidez en unos pocos protocolos y pools. En Europa, el Consejo Europeo de Riesgo Sistémico (ESRB) ha advertido que los riesgos asociados a criptoactivos están “aumentando” a medida que el sector entra en la corriente principal, apoyado por políticas más pro-cripto en algunas jurisdicciones y por la rápida expansión de stablecoins de uso global.

El resultado es un cuadro dual: por un lado, Bitcoin y el resto de criptoactivos ya son demasiado grandes y están demasiado interconectados como para ser ignorados; por otro, el proceso de encajarlos dentro de las reglas prudenciales y de mercado vigentes está lejos de completarse.

El eslabón más frágil: hogares y pequeños inversores

En medio de estas cifras de billones y de debates técnicos, el punto más débil sigue estando en el inversor minorista. El Consumer Finance Risk Monitor de la OCDE concluyó que los criptoactivos fueron el producto que generó mayor “perjuicio al consumidor” dentro del segmento de inversiones en 2022, y advertía que las autoridades esperaban un aumento de ese daño en 2023. Entre los motivos destacan la altísima volatilidad, la complejidad de muchos productos (apalancamiento, derivados, rendimientos “garantizados”) y las prácticas de marketing agresivo hacia públicos jóvenes o con menor capacidad financiera.

Un informe posterior de la OCDE sobre alfabetización financiera digital añade matices inquietantes: en promedio, solo alrededor del 29 % de los adultos alcanza el nivel mínimo deseable de alfabetización financiera digital, y menos del 60 % de los tenedores de cripto sabe que estos activos no son moneda de curso legal en su país. En otras palabras, millones de personas están entrando en un mercado complejo y volátil con herramientas conceptuales limitadas, justo cuando la volatilidad —como hemos visto en noviembre— sigue siendo estructural.

Si se toman en serio las advertencias del FMI, del BIS, del FSB y de la propia OCDE, cualquier potencial inversor en Bitcoin debería hacerse tres preguntas básicas antes de comprar el “ticker”:

  • Si entiende realmente qué está comprando, sabiendo que Bitcoin no genera flujos de caja y que su valoración depende de expectativas, liquidez y narrativa
  • Si podría soportar una caída del 50 % sin comprometer objetivos financieros esenciales
  • Si conoce quién lo protege si algo sale mal, es decir, bajo qué marco regulatorio opera el intermediario a través del cual se expone (un ETF supervisado por la autoridad de valores, un exchange con reglas claras de custodia, o una plataforma en una jurisdicción con vacíos normativos).

Cuando la respuesta honesta a alguna de esas preguntas es “no”, el problema ya no es solo la volatilidad intrínseca de Bitcoin, sino la forma concreta en la que se está tomando riesgo.

Conclusión: un activo grande, volátil y cada vez menos aislado

Los datos oficiales dibujan una imagen clara. El mercado cripto se mueve en el entorno de los 4 billones de dólares; Bitcoin captura entre la mitad y dos tercios de ese valor, y las stablecoins acumulan más de 230 mil millones con reservas importantes en deuda pública de corto plazo. Los protocolos DeFi gestionan del orden de 150 mil millones de dólares y, al mismo tiempo, sufren ataques y pérdidas que se cuentan en miles de millones cada año. Los grandes reguladores han dejado de mirar el fenómeno como una curiosidad para tratarlo como un frente más de la estabilidad financiera, aunque reconocen que la implementación de normas aún es fragmentaria.

La corrección de la semana pasada no borra la relevancia que Bitcoin ha ganado en los portafolios globales, pero sí sirve como recordatorio de tres ideas. Primera, que hablamos de un activo que, aun siendo parte de una infraestructura financiera emergente, sigue teniendo una volatilidad extrema. Un 30 % abajo desde máximos y más de un billón de dólares evaporado del mercado cripto en pocas semanas es mucho para cualquier clase de activo. Segunda, que la integración con el sistema financiero tradicional significa que sus ciclos ya no son independientes: lo que pase con los tipos de interés, con las valoraciones de la IA o con la regulación de stablecoins se traduce, casi en tiempo real, en el precio de Bitcoin. Y tercera, que la protección del inversor minorista sigue siendo el talón de Aquiles; la alfabetización financiera y digital va muy por detrás de la sofisticación de los productos y del tamaño del mercado.

Para el público general, la moraleja es sencilla pero exigente: mirar a Bitcoin y a las cripto no como un casino al margen del sistema, sino como un capítulo más —muy volátil— de unas finanzas globales en transformación. Y aplicar una especie de “política monetaria personal” disciplinada: informarse bien, diversificar y no arriesgar nunca más de lo que uno está dispuesto a perder por completo.

Referencias

  • Bank for International Settlements (BIS). Informes y working papers sobre criptomonedas, finanzas descentralizadas y el impacto de las stablecoins en los mercados de activos seguros.
  • Basel Committee on Banking Supervision. Documentos sobre el tratamiento prudencial de las exposiciones de los bancos a criptoactivos.
  • European Systemic Risk Board (ESRB). Informes recientes sobre criptoactivos, DeFi y riesgos de estabilidad financiera en la Unión Europea.
  • Financial Stability Board (FSB). Global Regulatory Framework for Crypto-asset ActivitiesG20 Crypto-asset Policy Implementation Roadmap y revisión temática de implementación.
  • Fondo Monetario Internacional (FMI). Global Financial Stability Report (ediciones 2024 y 2025) y Crypto Assets Monitor sobre evolución de mercado, flujos y riesgos.
  • FMI y FSB. Synthesis Paper: Policies for Crypto-assets y documentos sobre elementos de políticas efectivas para criptoactivos.
  • OCDE. Consumer Finance Risk Monitor y Improving the Digital Financial Literacy of Crypto-asset Users, además de estudios sobre institucionalización de criptoactivos y la interconexión DeFi–TradFi.